-¿Cómo ves hoy a 29 años lo ocurrido en los Andes?
-Bueno, me parece que le hubiese pasado a otra persona. Cuando miro a mis
hijos, que tienen la edad que yo tenía cuando tuve el accidente, me doy
cuenta que es increíble que halla podido sobrevivir. Me parece que fue un
poco la inconciencia de la edad lo que nos ayudó, la fe en Dios y la
fuerza de uno mismo Hoy a casi treinta años de ese hecho ya no me acuerdo
de lo que sentía, me acuerdo de los hechos, pero evidentemente (por
suerte) toda la carga de angustia y tristeza que implicó luchar hasta
morir, no la recuerdo.
-¿Qué opinión te merecen el libro y la película
Viven?
-Son personas que tuvieron la suerte de no estar en el accidente,
así dan una idea de las cosas que le pueden pasar a los seres humanos y
las situaciones límites que pueden existir. Son dos documentos que desde
ángulos diferentes muestran lo que son las situaciones límites y los seres
humanos enfrentados a la máxima adversidad.
-¿Crees que tu experiencia te llevó a acercarte más
a la naturaleza?
-Sí, totalmente. Allá, éramos hombres de montaña, inclusive cuando
llegué a mi casa, pasaba un auto cerca y me asustaba, porque en la montaña
algo que se mueve es un alud o una piedra. Creo que nos transformamos en
hombres muy básicos, y esa es la lucha del hombre con la naturaleza, la
aprendes a querer, a respetar ya convivir con ella. La noche en la montaña
a pesar del frío era un espectáculo increíble, ver la luna reflejada en la
nieve. ¡No me lo voy a olvidar!
-¿Hubo algún cambio en tus creencias religiosas
después del accidente?
-Y bueno, yo creo que hay dos tipos de Dios, uno el que te muestran
en la escuela, qué está sentado en el cielo y envía rayos a la gente que
esta abajo. Otro, es el que conocimos en los Andes, prácticamente
convivíamos con él y le pedíamos su ayuda. Te acercás mucho a la idea de
la muerte y pensás que estás de paso por la vida, la vida es un accidente
y la única realidad es que te vas a morir. Con esos parámetros es que
aprendimos a que no nos importara si nos iba a tocar morir porque
estábamos en paz con nuestras almas y con Dios. Ese diálogo constante con
Dios, en donde le rogábamos que nos sea difícil pero no imposible
salvarnos. Vos estabas ahí y veías a tu amigo que hacia diez minutos
estaba vivo.
-¿Cuál fue tu relación con la iglesia después de lo
ocurrido?
-Yo creo que la Iglesia es una gran organización que trata de
ayudar solidarizándose con mucha gente que necesita consuelo de Dios. Creo
que hay grandes sacerdotes que están aportándole a las personas. Es una
institución que ha hecho muchísimo por el progreso del hombre y a veces se
la suele desfigurar y se dicen cosas como: "yo creo en Dios y no en la
iglesia", "no creo en los curas". Pienso que es totalmente injusto, todas
las generalizaciones son bastante injustas. Por ejemplo en la religión
católica los curas tienen que renunciar a todo, creo que renunciar a tener
familia es muy duro. Pero yo tengo un gran respeto por la iglesia.
-¿Cómo te sentías físicamente al no tener casi
alimentos?
-A 3500 metros de altura caminás veinte metros y te falta el aire,
además en la nieve te vas hundiendo, en esos lugares no hay camino, ni
trilla, ni nada, cada desplazamiento es por un terreno inhóspito e
imprevisible. Para nosotros avanzar era terriblemente difícil, no sabía si
era que estaba físicamente cansado, o si era la montaña lo que hacia tan
difícil avanzar. En un momento caminábamos 33 pasos y parábamos, porque
eran 33 los orientales, pero pensábamos que igual eran 20 metros y como
sabíamos que teníamos que cubrir más o menos 80 kilómetros que eran
100.000 pasos, entonces cada paso era "un paso". Y así íbamos avanzando
hacia nuestro objetivo. Lo que te mantenía con fuerza era pensar en el día
siguiente, "tal vez mañana" fue lo que nos mantuvo vívos 72 días, "tal vez
mañana" saldremos de acá, "tal vez mañana" llegaremos a la cima, "tal vez
mañana" era nuestro móvil.
-¿Se reúnen periódicamente con tus compañeros?
-Todos los 21 de diciembre nos volvemos a reunir para estar juntos
recordando la posibilidad que nos dio Dios de seguir viviendo, también
recordando a los amigos que ya no están. Hace poco nos reunimos para
festejar el cumpleaños número 50 de Boby Francois. Es una hermandad donde
nos peleamos y discutimos pero siempre manteniendo un vínculo de
pertenencia, hermanados evidentemente por un experiencia terrible.
-¿Cómo es tu relación actual con Fernando Parrado?
-Mi relación con Nando es muy buena, vive a cuatro cuadras de casa.
Somos muy diferentes en la manera de actuar, el es un tipo tranquilo y
pausado, yo soy más explosivo. El es padrino de mi hijo y yo soy padrino
de las hijas de él, con Nando tengo mayor afinidad, nos entendemos mejor
-¿A lo largo de estos años, cómo sobrellevaste la
relación con los familiares de los fallecidos?
-Muy bien, querían saber que había pasado con sus hijos, cómo
habían pasado sus últimos momentos, qué habían dicho. Entonces que
nosotros le hallamos podido contar lo que pasó, fue muy importante para
ellos. Recibí mucho apoyo de la familia Nogueira, cuando ganamos el
campeonato eran los primeros que venían a abrazarme. En cambio con otros
nos conocíamos menos, era una relación más distante, porque no nos
conocíamos de antes, pero en general, la relación fue muy buena, incluso
los sobrinos de mis amigos, de los que no volvieron, juegan en el equipo
de rugby. Nos conocemos todos del barrio, la verdad es que nos han apoyado
mucho. .
-¿Después de lo ocurrido tu actitud hacia la vida
cambió de alguna forma?
-Sí, empezás a darte cuenta que sos un tonto, que tenés todo para
ser feliz y que te vivís quejando, no te das cuenta de lo que tenés hasta
que lo perdés. No tener en donde dormir, dormir arriba de la nieve,
tenerte que comer a los muertos, cuando en tu casa tenés un plato de
comida caliente, hasta el agua, teníamos que
derretir nieve durante una hora para poderte tomar un vaso de agua. La
mayoría de nosotros recibimos más de lo que necesitamos y damos menos de
lo que podemos, eso sí, que lo aprendí en la montaña. Tener donde dormir,
donde comer, bastante rico sos, en lugar de andar quejándote de que te
falta esto, te falta lo otro. La verdad es que la fuerza está en uno
mismo, evidentemente que en la montaña si nos sentábamos a esperar que nos
fueran a encontrar nuestros padres, nos hubieran muerto todos.
-¿Cómo influyó tu experiencia en la educación de tus
hijos?
-A mis hijos les enseñé a respetar a la
gente por sus valores éticos y morales. Aunque no se deslumbren por las
cualidades materiales que pueden tener las personas, sino por su hombría
de bien, a ser agradecidos en la vida, que estudien y que traten de
progresar por sus propios medios (esa es la parte que más me cuesta).
Tienen muchos amigos y se divierten demasiado. De los recuerdos, una de
las cosas más lindas que tengo, es una grabación cuando le preguntan a
Hilario (mi hijo) si estaba contento por tener a su papá vivo, el contesto
que contento no, porque fue una tragedia pero que entiende a su papá, sabe
que luchó por su vida y la de sus amigos. Eso para mi vale mucho, cuando
Hilario caminó por los Andes (cuando era chiquito) le preguntaron si sabía
que caminar en la montaña era tan difícil, el dijo sí, yo sabía que era
verdad porque me lo contó mi papá y mi papá nunca me miente. Me parece
importante esa imagen de padre, pretendo que tengan respeto por ellos
mismos, por su familia, y por los demás, eso es lo importante. |