-¿Qué repercusión tuvo
“VIVEN”?
-La gente vio las cosas, tal como fueron, a través del libro. Se dio
cuenta de que nuestra intención no era el exhibicionismo sino que éramos
tan sólo unos pobres tipos que tuvieron que salvar su vida. Nuestra
presentación en los medios de difusión europeos y estadounidenses no fue
vana: queríamos que la gente viera que la historia es real, que detrás del
libro hay gente que existe. El libro es una respuesta a esa especial
sensibilidad respecto de la antropofagia que reinó durante cierto tiempo:
el libro prueba que con eso solo no se salía del paso.
-¿Cómo los recibieron en Europa y Estados Unidos?
-En Estados Unidos hicimos como ochenta entrevistas en radio,
diarios y televisión. Estuvimos, durante más de dos horas en el show de
David Susskind: allí nos mandaron 3.500 cartas. En Francia, según decían,
teníamos el problema de la campaña electoral: opinaban que la gente estaba
en otra cosa, No fue así: en un programa televisivo, al que asistieron un
profesor de nutrición, un cura y el matrimonio Nicolich (padres de un
chico que no volvió), programa que cuenta con 250 líneas telefónicas,
recibimos cuatro mil llamados. Se vendieron 100.000 libros de entrada. En
España no queda uno solo.
-¿Fueron contratados por la editorial?
-En absoluto. Íbamos a decir lo que sentimos ahora, sinceramente.
Justamente lo que a la gente le impresionó fue nuestra espontaneidad:
vieron que en realidad Somos unos enamorados de la vida, en lo que nos
toque vivir. La experiencia pasada nos sirve para vivir hoy.
-¿Cómo es el contrato que tienen con la editorial?
-Incluye todos los derechos desde hacer una camiseta con nuestro
nombre hasta una película. Por el derecho de publicar la historia en tapa
dura nos dieron, de entrada, 250.000 dólares. Después hay miles de
derechos más. Este libro se ha transformado, por qué ocultarlo, en un
montón de plata. Mucha gente piensa que somos comerciantes...pero desde
que sacamos un pie de la montaña ya lo sabíamos: debíamos enfrentar la
realidad. Entre tantas otras cosas, el dinero es una realidad.
-¿Qué hicieron con tanto dinero de golpe?
-Es mucho más difícil dar cuando uno tiene que cuando no tiene. Al
principio yo pensé: "Esto es mío me lo dan a mí porque es mi vida y además
ellos también lo usan", No quería dar nada a nadie. Pero después hicimos
escuelas, ayudamos a gente que lo necesitaba. El dinero me pertenece, yo
sé que nadie me va a regalar nada. Prefiero que digan: "Mira Canessa, qué
bien que está", y no que digan: "Mira Canessa, pobre, qué mal que está".
-¿Tuvieron dificultades entre los dieciséis para
tomar la decisión de publicar un libro?
-Relativamente. En un principio las hubo. Pero después nos dimos
cuenta de que era el camino más corto para acabar con los rumores, los
malos entendidos, las preguntas fuera de lugar. pretendíamos, eso si, que
se respetara la verdad. Si ahora alguien me pregunta qué pasó, le digo:
"Mira, lee el libro". Además hay otra cosa: ya han aparecido once libros
piratas en los que supuestamente se cuenta la historia, con implicancias
sexuales inclusive. El tema daba para que se hiciera una gran mezcolanza y
nunca faltan los oportunistas. Con el libro, entre otras cosas, defendimos
la verdad, que fue bastante dura, por cierto.
-¿Qué opinión te merece el libro?
-Algunos pensamos que la solidaridad Que había existido en la
montaña no estaba cabalmente reflejada, que le faltaban algunas vivencias
personales y el espíritu con que vivimos allá. Read, el autor, dijo que
ese es su estilo y que el lector tiene que sacar sus propias conclusiones.
Yo pienso que el libro es un relato verídico de los hechos durante setenta
días, aunque Read no
haya contemplado los sentimientos."Lo importante del libro es que no falta
nada de la verdad objetiva, y que no se oculta ningún hecho. Todas las
partes que la gente imagina, digamos las más macabras, están. Cualquiera
puede ver que detrás de toda una parte material triste existe la
solidaridad, la generosidad. El libro es un poco duro, pero hubiera sido
espantoso hacer un libro rosa. y por encima de toda conjetura, hay una
realidad incontestable: una persona es tres cosas: la primera, como la ven
los demás; la segunda, como se ve ella, y la última, como en verdad es.
El libro está hecho así, ya que además de la versión particular está
siempre la versión de los otros quince.
-¿Cómo te sentís a raíz de esta repentina
popularidad internacional?
-Lo importante, como dijo no sé quién, no es ser una persona
conocida sino una persona que valga la pena conocer. Eso es lo que yo
siento: mucha gente me mira pensando en el pasado. Ahora quiero que me
valoren por lo que yo soy. Por otra parte, la popularidad te facilita
muchas cosas: cuando voy al banco, por ejemplo, me reconocen enseguida y
no me oponen la menor dificultad. Pero también hay días en que quiero
estar solo, ser dueño de mi. La gente cree que es dueña de ti, que tiene
derecho a saber las cosas más banales de tu vida. En fin. Por otro lado,
con el libro estás entrando en la persona que lo lee, estás dándole algo.
Algunos me dijeron: "Cuando agarré el libro no lo pude dejar, y cuando lo
cerré pensé que tenia que valorar la vida". Eso es bueno.
-Probablemente con el viaje, la popularidad, los
miles de reportajes, te estarás alejando de lo que viviste en la
cordillera...
-Sí a veces siento que de tanto hablar estoy perdiendo ese valor.
Otras, en cambio, pienso que me pasó, se acabó y chau, a otra cosa. Del
viaje, a mi lo que me gustó fue ir a pasear. pero además tenia que
responder a una expectativa de la editorial. Concluí que lo mejor posible
para ellos era dar algo que es mío. Soy yo el que habla, y si lo hago es
porque creo que detrás de todo esto hay algo que habla del hombre, que
habla de todos. Creo que antes de la montaña era igual a todos, y que allí
arriba no era distinto de los demás: eso es bueno que se sepa, puede
servirle a la gente.
-¿El resto de tus compañeros estuvo conforme con que
viajaran ustedes dos?
-Bueno, nos invitaron a nosotros, pero creo que lo tomaron bien.
Recibíamos cartas de ellos, en las que nos decían: "Che, qué bien les
va!". Era una envidia sana, nada más que el normal deseo de poder estar
allí.
-Contanos algo del viaje.
-Pasé momentos increíbles. Conocí personas y lugares que no
imaginaba conocer. Por ejemplo, nos hicimos muy amigos de Jackie Stewart.
Fuimos a ver las carreras juntos en Montecarlo, fuimos a almorzar con él
en Inglaterra y nos invitó a su casa, en Ginebra. Actualmente Nando está
allá con él. Va a hacer un curso de automovilismo (el 26 de junio corrió
una carrera de turismo de carretera en Londres). Jackie es un tipo
generoso, agradable, simpático. y no sólo un buen corredor. Conoce a todo
el mundo: en Mónaco se tomó la molestia de invitarnos a cenar con Carolina
y Alberto de Mónaco.
-¿Cómo son?
-Carolina es una chiquilina todavía. Tiene diecisiete años. Es
simpática, macanuda. Me impresionó más el hermano. Nos trataron bárbaro.
Al otro día nos invitaron a una recepción en el palacio. Cuando Grace
Kelly nos vio nos abrazó, imaginate, y nos dijo lo contenta que estaba de
que sus hijos nos hubieran conocido. Algo increíble, realmente. Allí
conocí a Elizabeth Taylor: me pareció árida. David Niven, en cambio. es un
tipo sensacional; nos aconsejó respecto de la gente con la cual podíamos
hacer la película. Philip Niarkos, el hijo de Tina livanos, la ex mujer de
Onassís, nos invitó a navegar en su barco. Recibimos también la calidez de
la gente sencilla: en Portofino un pescador que no sabía qué regalarme me
dio una cajita de fósforos en la que escribió: "Al montañista ti doy il
mío afecto de corazone". Un taximetrero al llegar al hotel, no me quiso
cobrar, y ante mi insistencia por pagarle me dijo que no lo ofendiera y
que aceptara lo único que tenía para darme: un mapa de la ciudad.
-¿Qué hay de la película?
-Hay gran interés en hacerla: demasiado interés, demasiadas
ofertas. Junto con los derechos del libro, la editorial Lippicott compró
cualquier otro derecho; incluido el de la película. Es por eso que
nosotros no podemos intervenir prácticamente en nada, salvo, claro está,
en exigir que sea verídica: a la filmación irán tres de nosotros como
supervisores. Se está buscando un director, un tipo que sea capaz de hacer
valer la realidad. Todavía no se sabe si se va a filmar en España o en
Estados Unidos. A mí lo que me interesa es la verdad, que se logre una
película que haga sentir, por lo menos, lo mismo que el libro. Nosotros no
vamos a actuar.
-A casi dos años del suceso, ¿no sentís como si todo
eso le hubiera pasado a otro?
-Si. En general lo siento asi. Pero de repente hay cosas, un ruido, el
olor a sintético que tienen los aviones, que te recuerda todo, te hace
volver.
-¿Te han molestado los malos sueños, las pesadillas?
-Nunca los tuve. El problema se superó en la montaña. El verdadero
problema es el temor a la muerte, poder convivir con la muerte, ver
muertos continuamente. Pensás que tú, que estás vivo, te estás sirviendo
de otro que está muerto. Es decir, que si somos iguales, pero yo estoy
vivo y el otro está muerto, mañana quizás yo esté igual que él. Ese temor
a la muerte, como a algo desconocido, es lo que aterra a la gente.
-¿Y a vos?
-Estábamos tan acostumbrados a la idea de morirnos que no teníamos
ese problema. Te acostumbrás
a tenerla tan vecina que lo inexplicable pasa a ser otra cosa.
La montaña siempre estuvo allí. Ella me dejó salir. Con eso estoy
contento. Allá arriba me preguntaba continuamente: "Pucha, ¿cómo voy a
poder salir de acá?" y siempre me respondía a mí mismo: "Tengo a Dios, que
es mi amigo, y él es el dueño de la montaña". |