Como el arquitecto que ve con orgullo su última
realización, como el pintor que admira su tela recién terminada,
para el editor de libros no hay satisfacción más inmensa que ver la
conformación de una nueva publicación. Palabras que se suman a la
tapa, la contratapa, la impresión, el diseño gráfico, el formato y
el tipo de letra; observar, corregir y encartar las piezas con la
convicción de contribuir a la difusión de las ideas, la cultura y el
conocimiento.
Este libro ejecutado a dos voces, contiene el testimonio de vida que
Carlitos Páez le relató al reconocido escritor uruguayo Miguel Ángel
Campodónico. Cada uno lee con perfección su partitura, sin que
predomine ninguna de las partes. El texto resultante es una ajustada
integración entre dos personas que interpretan con llamativa
eficacia su función. Cuesta creer que hasta el mismo momento de
comenzar a trabajar en el libro, biógrafo y biografiado no se
conocían.
A pesar de la larga relación entre nuestros padres, con Carlitos nos
cruzamos muchos años después del accidente de la cordillera, cuando
nuestras vidas doblaron por la ruta del cambio. No tuvimos trato
hasta largo tiempo después de que volviera de los Andes, aunque
elegimos ser amigos cuando comprendimos que teníamos la grata
libertad para ejercer esa opción.
Me complace creer que conozco al Carlitos Páez que aparece cuando se
apagan los micrófonos, el que ha afrontado con enorme valentía las
terquedades de su destino. Y no me refiero sólo a la cordillera. He
sido un privilegiado observador de la búsqueda perpetua que ha
dominado la última larga década de su vida.
Luego de más de treinta años de pasada la tragedia andina, y cuando
es un joven abuelo que cumple medio siglo, Carlitos repasa el camino
recorrido desde la perspectiva inigualable que nos da el tiempo, con
la sabiduría que brinda la experiencia, con la mutación de
realidades que aseguran los años. Carlitos describe lo que lleva
adentro, con la literatura de la sinceridad como fórmula narrativa.
Nos muestra su verdad, nos abre sus puertas y nos ofrece -como decía
el poeta- su mano franca.
Alvaro J. Risso
Octubre 2003 |
Arriba 
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| Carlitos Páez ofrece una mirada distinta, conmovedoramente personal,
sobre un hecho trágico del cual se ha escrito mucho aunque sin que
aparecieran claramente dibujados los seres humanos que lo
protagonizaron. En este libro el lector tiene, desde el comienzo
mismo, la seguridad de que se acerca a las opiniones y a los
comentarios de un ser concreto de carne y hueso, un hombre que
muestra el valor de confesar sin eufemismos las distintas
cordilleras que, más allá de la andina, debió enfrentar en su vida.
Pocas veces tan claramente como en esta, es posible entrar en los
rincones psicológicos menos conocidos de alguien que, contra su
voluntad, se transformó en una figura pública conocida por la
mayoría de los habitantes de su país y del extranjero. El valor de
la actitud de Páez sorprende por lo infrecuente. De ahí que llame la
atención, en primer término, su sinceridad y la claridad con la que
habla de los hechos más traumáticos ocurridos en la cordillera y
fuera de ella. Y, en segundo lugar, lo que golpea fuertemente es la
implacable mirada que aplica sobre sí mismo y sobre los caminos que
siguió después de que se reintegró a la vida normal, a eso que puede
llamarse la civilización. Ser un sobreviviente de una tragedia
semejante, a pesar del privilegio que supone continuar con vida -o
quizás por eso mismo- no es una tarea fácil. Atrás quedaron los
muertos y las interminables decenas de días vividos en medio de la
nada, del frío, del hambre y de la sed. Sin embargo, Páez se las ha
ingeniado para levantarse sobre las dificultades nacidas en su
pasado -y aun en su presente- tanto como
para construir un discurso esperanzado a partir de un único y
decisivo elemento: la exposición de su verdad al margen de cualquier
clase de convencionalismos y de las palabras diplomáticas que suelen
usar los expertos en evitar las situaciones comprometidas. A ningún
tema le saca el cuerpo, frente a ninguna pregunta elude la
respuesta, a ninguno de los hechos los enfrenta con ánimo de
contemporizar. Si finalmente se decidió a hablar, no tendría sentido
que lo hiciera para transmitir una visión endulzada y maquillada que
se preocupara únicamente por no provocar las reacciones de los
demás. Se propuso mostrarse tal cual es y así lo hizo. De ahí que
este testimonio se convierta en una pieza indiscutible de
transparencia y de sinceridad. |
Arriba  |
El peso de Los
Andes
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| Se ha editado "Después del día diez", de
Carlitos Páez, libro con una agobiante visión sobre la tragedia
de Los Andes. |
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A 31 años de la tragedia de los
Andes, Carlitos Páez, uno de los supervivientes, ha publicado un
libro inquietante. Me refiero a "Después del día diez" (Linardi
y Risso).
Nacido el 31 de octubre de 1953, a los cincuenta años, Carlos
Miguel Páez ha decidido escribir sus memorias; quien tal actitud
asume, es porque ha llegado a algún lugar, y, en consecuencia,
está dispuesto a revivir el pasado. Es lo que ha sucedido con
este libro que tengo en las manos, y que he leído de un tirón en
dos jornadas desasosegadas. ¿Por qué? Porque nos lleva de
sorpresa en sorpresa, porque nos admira la voluntad de madera
dura con que estaban hechos los jóvenes protagonistas del libro,
y porque no son unas memorias convencionales. Cuando, luego del
décimo día, tras reparar una radio, se enteran de que dejarán de
buscarles, saben que están solos. Ellos y su destino. Gustavo
Nicolich les comenta lo siguiente: "Les digo que es una buena
noticia porque a partir de ahora dependemos de nosotros mismos".
Sabían que el mundo está regido por la mano de Dios, y que no
era, ni es, justo preguntarse quién murió, y por qué, quien
sobrevivirá, y por qué. La salvación o la infelicidad dependerá
exclusivamente del alma de cada uno de esos jóvenes veinteañeros.
Pero el libro es inquietante porque sin escamotear nada,
evoca días en que, a los rigores del frío de 30 grados bajo
cero, a las muertes sufridas de familiares, a los heridos, se
agrega la forma en que se ven obligados a comer partes de los
muertos.
Hay una dolorosa desmitificación de cuanto sobrevino a la
tragedia andina: desfallecimientos del propio narrador, que
intenta una salida en busca de ayuda y retorna llorando;
pequeñas escaramuzas a medida que se consolida el espíritu de
grupo. Y está la marca de los Andes, una pócima muy dura para
ser olvidada. A Carlitos Páez le ha marcado muy hondamente, pues
le llevó al alcoholismo y la droga, así lo dice. Finalmente, se
ha recuperado, tiene hijos y es un joven abuelo de cincuenta
años, de quien admiramos su férrea voluntad.
Tras este relato para nada previsible, donde llega a revelar
celos de su propio padre (quien jamás bajó los brazos en la
búsqueda de su hijo), ha llegado a una etapa de la vida en que
acaso es probable que se sienta más o menos feliz. El libro
tiene un halo de tristeza por los muertos y el desasosiego de
quien ha sufrido el peso de una notoriedad que trastornó su
vida. Es fruto de una indagación dolorosa en confusos
sentimientos, y habla, así, de promesas a Dios incumplidas, de
soledades y miedos, y hasta de amistades con miembros de las
sociedades de alcohólicos y drogadictos más cercanos que sus
mismos compañeros de la tragedia.
Carlos Miguel Páez cuenta a Miguel Angel Campodónico (quien
escribe) su visión de los hechos sin ningún esfuerzo por
disimular la realidad. Ostenta las virtudes maduras de un hombre
cuyos brotes se encuentran en un muchacho desolado de dieciocho
años en medio de la nieve andina. No es un ofensor del futuro,
porque la esperanza ha regresado a su vida.
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Ruben Loza Aguerrebere
Palabras Abiertas | Diario El País. |
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Cometarios de
Lectores:
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Arriba
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"Estimado
señor Carlitos Paez,
Acabo de leer su biografía recién parecida que logré conseguir a
pesar de que vivo en Francia, y quería mandarle mis más
expresivas gracias por compartir su experiencia en sus varias
cordilleras con nosotros;
es el mejor libro que fue escrito sobre su accidente en los
Andes de los once que pude leer sobre el tema porque fue escrito
desde su propio punto de vista, es muy emocionante y de gran
reflexión, además gracias por añadir en el relato el humor que
le caracteriza...
Bueno, dejo de molestarle, le agradezco otra vez por todo, sería
algo maravilloso si sus compañeros pudiesen hacer lo mismo y
contarnos sus propias cordilleras...
Le mando un saludo respetuoso desde Francia" |
Sophie
Plantamura |
"Querido
Carlitos,
he leído el libro de un tirón. Me atrapó de entrada y no me
soltó hasta el final. Lo leí en dos noches, en Punta del Este.
Me ha sorprendido su carácter desmitificador, su interés por
devolver las cosas a una situación de realidad sin mito, muy
poderosa. No sé si esa es la intención, pero así salió y tiene
un fenomenal valor testimonial. Lo comentaré aquí en El País y
en España.
Te tendré al tanto sobre ello.
Las pocas líneas que te comenté oficiarán como hilo conductor
del análisis.
Te repito: es muy, muy bueno. Quizá a alguno (siempre los hay,
pero no importan, si lo sabré yo) no le guste la empresa que
emprediste, a cara descubierta, valiente y realista, pero ten la
seguridad de que, al menos así lo creo, escribiste un documento
de primera mano.
Felicitaciones.
Y un fuerte abrazo" |
Ruben Losa |
"QUERIDISIMO
CARLITOS
ME QUEDE A DESCANSAR EL SABADO Y DOMINGO Y APROVECHE PARA
LEER TU LIBRO. ME REMONTE AL TIEMPO PORQUE DESPUES DEL
ACCIDENTE LEI UN LIBRO QUE ME IMPACTO, PERO AHORA LEYENDO EL
TUYO, DE VIVA VOZ Y EXPERIENCIA DE UN SOBREVIVIENTE , A
QUIEN CONOZCO , RESPETO Y QUIERO, MI EMOCION HA SIDO
DISTINTA, MAS FUERTE Y MAS PROFUNDA Y TOTALMENTE
CONMOVEDORA. ME ENCANTARON LAS FOTOS DEL HOY, SOBRETODO ESA
DONDE ESTAN LAS NUEVAS GENERACIONES. QUE BUENO QUE PLASMASTE
TU EXPERIENCIA EN ESTE GRAN LIBRO, TE FELICITO DE CORAZON, Y
SE QUE VAS A TENER MUCHO EXITO, PORQUE LO QUE SALE DEL ALMA
SIEMPRE TIENE EXITO. ESPERO TU FAMILIA SE ENCUENTRE MUY MUY
BIEN Y QUE TU NIETECITA JUSTINE SE ENCUENTRE FELIZ Y LLENA
DE AMOR. TE ESCRIBO MAS TARDE O A MAS TARDAR MAÑANA. UN GRAN
ABRAZO," |
GRISEL |
"Estimado
Carlitos:
Te felicito por el libro, me alegra por el reportage realizado en el
diario El Pais de Montevideo el dia 23 de noviembre del
2003. Me parece muy valiente de tu parte que afirmes en
forma publica, los problemas que tuviste en manejar la
culpa, que creo fue impuesta por ustedes mismos. "A los que
murieron por nosotros" principio del libro "Viven", " No
murieron nada por nosotros.Murieron porque murieron" sic.
Tal vez no en vano pasaron tus 50, para afirmar lo que
vinimos diciendo desde hace mucho con respecto a la
interpretacion de redencion cristiana de los hechos por
todos conocidos. Con respecto a esto no me creo ni mas, ni
menos catolico que nadie, pero esa explicacion no cierra por
ningun lado. Bueno saludos, un abrazo para toda tu familia. " |
Pancho
Nicola. |
| "Héroes
aún sin pretender serlo...Gracias a todos por su ejemplo, de
coraje, fuerza y fe...Y especialmente gracias a Carlitos
Paez, por enseñarme que sobrevivir es mezquino, pasivo; que
lo que de verdad merece la pena es VIVIR, superar el décimo
día!. Gracias, por ese testimonio de humildad y sencillez;
claro y transparente como tu, que hace desordenar
conciencias. Mi más profunda admiración a todos los que
estuvieron en la cordillera y a aquellos que nunca
desistieron en la civilización. Son ustedes grandes!!! " |
Isabel
Caruana Colino |
"Yá
leí el libro. Me pareció estupendo; pero sobre todo te pinta de
cuerpo entero a quienes tenemos el gusto de tratarte. Te
confieso que me emocionó y lagrimie en la conferencia cuando
hablaste de los pájaros de la libertad. ¡Que momento debe haber
sido!" |
Jorge
Marguery |
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Artículos de Prensa:
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Arriba
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ejemplares del libro envíe un email a: lyrbooks@linardiyrisso.com
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