|
| Entrevista a Antonio Vizintín: Octubre de 2002 |
Era
una noche más de invierno cuando llegué a la casa de Antonio Vizintín,
pero mis ansias y mi expectativas no eran las mismas de siempre. Entré a
la barbacoa, miré a mi alrededor y por un instante un silencio y un
escalofrío recorrieron mi cuerpo. Aquella habitación estaba llena de
recuerdos enmarcados en portarretratos colgados en paredes de ladrillos
que soportaban una inmensa biblioteca con más de diez versiones (hasta en
idioma hebreo) del libro que narra paso a paso la tragedia de los andes.
Esa manía que tengo de hacer metáforas con cualquier situación inesperada,
me llevó a pensar como habían llegado a aquel lugar trozos de avión
fundidos en un marco de madera que se sostienen como un recuerdo
incaducable.
Cada rincón de ese lugar tenía parte de lo que habíamos ido a buscar...la
historia de los Andes.
Por un momento miré hacia un costado y había un baúl colmado de
remembranzas. Desde los zapatos de "Tin-Tin" y la gorra de aquel piloto
que confiado, aceptó volar ese mediodía de Octubre, hasta fotos y recortes
de diarios que hoy, sólo ellos podrán explicar y nosotros sorprendernos y
emocionarnos ante los tantos sacrificios e injusticias. O simplemente...
aceptar el milagro.
La vida, antes
¿Qué recuerdos tenés
del Colegio Stella Maris?
Buenos recuerdos. En especial de los "Brothers". Todo lo que nos fueron
inculcando durante aquellos años en el colegio, se vieron reflejados en el
accidente. También tengo buenos recuerdos de los profesores, que cuando
estás en el colegio los odiás, no los querés ni ver, pero con los años
aprecias una cantidad de cosas.¡¡¡¡Que hayan conseguido que yo hablara
inglés y que más o menos tuviera un poco de cultura, es un gran logro de
los curas!!!(se ríe).
¿Por qué elegiste el
rugby como deporte?
Porque era...malo jugando al fútbol...(se ríe)...además en el colegio era
el principal deporte y soñabas con estar en el "first fifteen". El rugby
era a lo que más importancia se le daba, por eso todos lo jugábamos.
¿Se qué jugabas?
De pilar.
Definime en términos
de valores lo que significa la palabra rugby.
AMISTAD.... por sobre todas las cosas ... amistad. El rugby lo que te deja
es un grupo de amigos, dentro de tu equipo y fuera del equipo, es lo más
importante, porque con los años es lo único que te queda, el triunfo pasa.
Yo siempre le digo a Patricio (su hijo, 22 años, juega en la primera de
Old Boys) "disfrutá ese día, festejá porque al otro día ya fue, después
¿que es lo que te queda?, te queda acordarte de un partido que ganaste, de
una piña que te pegaron, de que estuviste con "fulano" en el tercer tiempo
y los amigos que hiciste, es lo mejor que te queda."
Tu formación física,
¿influyó en lo que fue tu supervivencia en los Andes?
Si, no tengo duda, en ese momento yo debería estar pesando 90 kilos y con
diecinueve años estaba todo el día pendiente del rugby, para mí estaba el
rugby... el rugby... la familia y después el resto de las cosas. Lo más
importante era el partido del momento, la práctica del martes y la del
jueves, las salidas a correr y las pesas. La preparación física que
teníamos fue importantísima.
¿Y tu formación
religiosa?
La religiosa jugó un papel importante también, en cuanto a que estábamos
todos unidos en la misma religión.
Buscabas el apoyo de Dios en un momento en el que no tenías nada
alrededor. A veces yo digo... como somos ingratos, cuándo no lo necesitas
te olvidás, cuándo lo necesitas es lo único que tenés y volvés a la parte
religiosa.
¿Ese Dios que vos
veías allá era el mismo que vos veías antes del accidente?
No, muchas veces decíamos allá que notabas la presencia de Dios, es decir,
tu acá te crees que sos muy capaz, que sos muy grande, muy fenómeno y allá
cuando estás en lamontaña te das cuenta de lo chiquito que sos, de lo
grande que es la naturaleza y de lo inmenso que es Dios, entonces allí
pones las cosas en su lugar.

¿Cómo era tu vida
antes del accidente y cuáles eran tus sueños y proyectos?
Antes del accidente había entrado a la facultad y me dedicaba a estudiar
abogacía y a jugar al rugby. Mis sueños eran uno, recibirme de abogado,
cosa que no hice porque dejé a los dos años y el otro era jugar al
rugby,... rugby y rugby (se ríe), quizás estaba menos desarrollado que
ahora pero en ese momento era mi mayor expectativa.
La Tragedia
¿Qué recordás de
aquella fatídica tarde de octubre a bordo del Fairchild de la Fuerza
Aérea?
El viaje a Chile era el gran premio, porque en aquella época no viajábamos
como viajan ahora, a lo sumo íbamos a Buenos Aires.
Los preparativas fueron brutales, no dormimos la noche anterior, estábamos
nerviosos.
Esa mañana salimos de Montevideo con muchas expectativas, con poca plata o
con lo justo hacia Santiago de Chile, pero como el avión no pudo cruzar
porque había una tormenta nos bajamos en Mendoza. Como esta parada en
Mendoza no estaba prevista, cuando llegamos al aeropuerto nadie nos
esperaba, no había taxis y nos fuimos en camionetas, en camiones, en lo
que venía nos trepábamos, no teníamos hotel, dormimos en grupos en
distintos lados, todo medio caótico porque era una parada que no estaba
prevista.
Esa noche Antonio con
ocho compañeros más, durmieron en un hotel. Se separaron en tres
habitaciones, de a tres por habitación.
Solo se salvó uno de cada habitación.
Al otro día a las diez
teníamos que estar en el aeropuerto, nos encontramos todos ahí y allí
recién salimos.
Hubo una cantidad de dudas, si salíamos o no salíamos, también hubo
mucha presión nuestra para que saliera el viaje. No sé si en realidad
tuvimos éxito con esta presión o no, la cuestión fue que se cruzó la
cordillera. Ellos también habían decidido que estaban las condiciones
dadas para cruzar, digamos que había ansias de llegar. Todo el viaje ese
fué perfecto, cuando empezamos a volar entre las montañas, el día estaba
claro, todo estaba bárbaro, con bromas, con juegos, de aquí para allá
porque el avión era todo nuestro ya que sólo éramos cuarenta y cinco
pasajeros, no había nada anormal. Después sí me acuerdo que empezaron a
aparecer nubes, se empezó a tapar, miré para afuera y había tierra cerca y
de ahí fué todo un instante. El mirar para afuera, el sentir que los
motores daban al máximo y el choque, fuñe todo una misma cosa. Cuando
nosotros pensábamos que nos caíamos ya había chocado el avión y nos
estábamos deslizando por la montaña.
¿Tuviste tiempo de
reaccionar?
No, no me di cuenta de lo que pasaba. Es que fue toda una secuencia de
hechos muy rápidos: el ver para afuera, cuestionarse ¿que es todo esto que
está a mi lado?, un pedazo de montaña, el chocar, el deslizarte, no te da
tiempo para pensar mucho, cuando pudiste pensar ya estabas abajo con
"quejidos". Yo no sé ni como salí de donde estaba, por mi posición en e
avión quedé con todos los asientos encima, quedé en un hueco, no sé...
¿Alguna vez antes del
accidente habías pensado en la muerte?
No, en la muerte no, si había pensado en que sensación tendría caerse de
un avión, a los diecinueve años creo que nunca pensas en la muerte, te
pensas que sos inmortal.
¿Cómo hiciste para,
tan rápidamente, cambiar la perspectiva con respecto a ese tema; de no
haber pensado nunca a convivir con ella?
La realidad de la situación te lleva,... te caíste en el medio de la
montaña y tenés que arreglártelas como puedas.
Esa fue un poco la filosofía de todos, no te dio mucho tiempo para pensar,
tampoco tenías muchas opciones, al principio de la caída con todo el caos,
después a los siete días cuando nos enteramos que nos dejan de buscar,
luego el alud, todos fueron hechos que los fueron marcando y que nos
fueron bajoneando.
¿De qué temas
hablaban?
De sí nos venían a buscar, si nos venían a buscar, que aquel había sentido
un ruido, que sentía un perro que ladraba, que había un camino a lo lejos,
lo que nos gustaba, donde pasábamos las vacaciones que era lo que
hacíamos, de noche hablábamos mucho de comidas, ¡¡éramos muy
masoquistas!!. Cada uno aportaba lo suyo porque había mucha gente invitada
que había decidido viajar con nosotros que no era parte del equipo de
rugby, y así nos fuimos conociendo.
Después del alud los que sobrevivieron pensaron que ya después de eso se
tenían que salvar seguro ¿cómo les afectó la muerte de Arturo Nogueira y
luego la de Turcatti?
Hasta el último día lo que si estábamos seguros era de que nos íbamos a
morir, nunca estuvimos seguros de que íbamos a salir vivos de nada. La
secuencia de los hechos iban llevando que cada vez fuera más trágico. Todo
lo que venía pasando: compañeros que habían muerto en el accidente, que
morían de frío, que mueren en la avalancha, estábamos más muertos que
vivos. Lo que si pensabas era que te ibas a morir en algún momento pero no
sabías cuando. Y ahí viene una de las grandes cosas que te da el rugby y
una de las frases que nos repetía "Brother O'Donell".Era: "el partido
termina con el pitazo final." y allí era un poco lo mismo, teníamos la
obligación de seguirlo jugando hasta que terminara y ninguno sabía cuando
iba a terminar. Era un poco "tenemos la obligación de vivir, tenemos que
seguir buscando la forma de salir", pero no sabíamos hasta cuando nos iban
a dar las fuerzas.
Con respecto a los bajones, te bajoneaban todas las muertes, la de tus
amigos, la de los otros, te ibas haciendo medio impermeable a ciertas
cosas sabiendo que mañana podías ser vos, aprendiste a convivir y se hizo
como una sociedad dentro del avión en la cual la muerte era una ficha que
corría todos los días y no sabías por donde iba a pasar, quién podía ser,
estábamos convencidos que nos íbamos a morir todos, pero seguías adelante.
¿Todos pensaban que se iban a morir o había alguno que estaba convencido
de lo contrario?
Hay cosas como lo de Nando (Parrado), porque él hablaba de que iba a
salir, que iba a hacer esto... lo otro, pero el lo hacía no con el
convencimiento, sino para darle ánimo a los otros, lo hacía pero sabiendo
siempre que estabas totalmente jugado.
¿Le
tuviste más miedo a la locura o a la muerte?
Es que era todo una locura, si lo mirás racionalmente es todo una locura,
estás en un avión hecho pedazos, dormís con cuarenta grados bajo cero,
tenés que hacer agua, no tenés comida, tenés muertos en la vuelta, en
cualquier momento podés morirte vos. En ese momento no le tenías miedo a
la muerte. Era algo más de lo que estaba pasando, era uno más de nosotros
viviendo adentro del avión. Nosotros los expedicionarios teníamos una
parte difícil, pero no estábamos todo el día en el avión dándonos
"manija". Estábamos ocupados en salir, buscar, en dar la vuelta, en subir
y bajar. El peso de todos los días lo llevaban ellos que estaban ahí
dentro y eso a la larga podía ponerte un poco mal de la cabeza, perder las
esperanzas o venirte abajo.
¿Cómo se prepararon para la última expedición con Parrado y Canessa?
La última expedición fue producto de todas las expediciones, ya que con
las que habíamos hecho a la cola aprendimos a como movernos en la montaña
y fuimos agarrando experiencia. Demoramos mucho tiempo porque hubo que
hacer el sobre de dormir, preparar la comida, y con los abrigos, además
Roberto trataba de atrasarla lo más posible porque sabía que cuanto más
tarde menos posibilidades teníamos de agarrar una tormenta.
¿Qué se te pasaba por la cabeza cuando volvías solo al avión luego de
llegar a la conclusión que se les estaba acabando la comida?
Por la cabeza nada, era totalmente inconsciente en el sentido de que no
conocía la nieve y terminé siendo un expedicionario. Cuando tuve que
volver, me senté en un almohadón y me deslicé por la montaña, como algo
muy natural, dominándola y pensando acá no hay riesgo ninguno...acá no
pasa nada y chau...era una cosa más, no era nada especial, era una
inconciencia de diecinueve años brutal.
¿Tenías fe o en algún momento bajaste los brazos y te resignaste?
No bajé los brazos, ni me resigné, tampoco te puedo decir que tenía una fe
ciega, tenía un convencimiento de que tenía que hacer lo necesario para
vivir y para tratar de salir, aunque muriera en el intento.
¿Hubo algunos que no tomaron esa actitud?
Si, algunos fueron más conformistas, es que hubo cosas que jugaban mucho
como el aspecto físico, la parte anímica, mental y psicológica de cada
uno. Y hay cosas que vos mirás y decís...pa...fulano tal cosa, se entregó
¿por qué?. Pero había que estar viviendo dentro del avión. Nosotros los
expedicionarios teníamos una parte difícil, pero no estábamos todo el día
en el avión dándonos “manija”. Estábamos ocupados en salir, buscar, en dar
la vuelta, en subir y bajar. El peso de todos los días lo llevaban ellos
que estaban ahí dentro y eso a la larga podía ponerte un poco mal de la
cabeza, perder las esperanzas o venirte abajo.
Usaban las frases de “algunos trabajan y otros no” ¿A qué tipos de
actividades se referían?
A los que hacían agua, a los que cortaban la carne, a los que limpiaban el
avión, había algunos que se negaban a eso. Si lo mirás desde el grupo del
avión está bien, algunos se podían negar, porque habían otros que lo
hacían, pero nosotros los expedicionarios no podíamos dejar de hacer
nuestras tareas porque sólo éramos tres.
¿Tenían frases alentadoras que las repetían usualmente?
Hablábamos bastante poco, estábamos cargados haciendo lo nuestro...cuidado
acá...cuidado allá, cada uno era como una hormiguita...tiqui...tiqui...,
caminabas y hacías tu rutina.
La vida, después
¿Cuando te diste cuenta de que te habías salvado?
Cuando escuchamos por la radio que habían encontrado a dos uruguayos, ahí
nos dimos cuenta que nos habíamos salvado, porque mientras los que daban
la noticia dudaban, nosotros sabíamos que eran Nando y Roberto.
¿Qué recordás del retorno a Montevideo?
El reencuentro con mis padres, mi hermano, y mi abuelo, la ida al colegio
y la conferencia de prensa. Después papá me llevó a la Coronilla y estuve
tres meses donde me recuperé bastante.
¿Cómo los recibió la sociedad?
Bien, mucha gente entendió lo que había pasado y los que no entendieron,
también los comprendo en la medida que si no conocen lo que es la nieve y
lo que es la montaña es difícil explicárselo. Desde acá vos decís...”había
nieve, hacía frío”...pero había que soportar estar a casi cuatro mil
metros de altura, dormir en la nieve, bancarte las tormentas, ver a tus
amigos muertos, es muy difícil todo eso.
Pero por otro lado a vos te queda la conciencia muy tranquila de que
hiciste lo que debías en el momento que debías y además hiciste lo
necesario para vivir sin lastimar a nadie. Yo estoy muy tranquilo.
A
pesar de que la Iglesia no consideraba lo ocurrido como una comunión sino
como un acto de inspiración, ¿qué sentiste al ver que algunos confundieron
esa “comunión” con antropofagia?
Son formas de ver las cosas, hay gante que lo vio como antropofagia, otros
lo vieron como una comunión, yo lo veo como algo necesario para poder
continuar con la vida.
¿Hubo gente que los condenó?
Supongo que sí, en algún diario o en alguna revista lo ves, pero uno no
puede estar de acuerdo con todo el mundo, lo más importante es que yo
tengo la conciencia tranquila y sé lo que hice y si tuviera que hacerlo de
nuevo lo haría, ¡espero que no me toque!.
¿La
durísima prueba por la que tuvieron que pasar te cambió tu actitud frente
a la vida?
Te puso a prueba y sabes tus límites, sabes que sos capaz de dar mucho más
de lo que a veces uno piensa que puede dar.
También tuve la prueba de cuánto sufrimiento soy capaz de tolerar. Sí, te
cambia... y aprendés que luchando conseguís las cosas.
¿Te
sentís un privilegiado?
Sí, por haber ido al colegio que fui, por haber tenido los amigos que
tuve, por haber jugado al rugby y por haberme salvado.
¿Te
costó mucho volver a la vida cotidiana?
Al principio puede ser, después ya no, te adaptas perfecto a las cosas. La
vida te va llevando hoy ya pasaron treinta años, ¡más vale que me haya
adaptado!
¿Te
arrepentís de algo que no hayas hecho en esos 72 días?
No, pienso que no.
¿Volviste al lugar de la tragedia?
Volví con los sobrevivientes en el ’92 y el año pasado con Josefina, Lucía
y Patricio (hijos). Es un lugar que te impacta, las montañas sin nieve
igual son impresionantes, el aire es finito donde te cuesta respirar, es
un lugar cargado de mucha emoción, cuando estás ahí te acordás de todo lo
que pasó.
¿Por
qué mandaste a tus hijos al British?
Lo decidimos con Graciela, la madre de Lucía y de Patricio. Cuando nació
Lucía, el Stella Maris no tenía chicas, entonces la mandamos al British y
como quedamos encantados con lo que había aprendido y con lo bueno que era
el colegio y por mis obligaciones morales Patricio no tenía por que
pagar...(se ríe)... entonces decidimos mandarlo al British.
¿Qué se siente hinchar por OLD BOYS?
Es una sensación rara porque toda la vida estuve en contra y hoy tengo a
mi hijo que juega en primera, por lo que me siento raro. Yo hincho por mi
hijo y estoy encantado cuando gana y me preocupo cuando pierde. Una vez
Lucía me dijo –“papá ¿por qué tú vas del lado de la hinchada del
Christian?”, era la costumbre, hoy cuando voy a los partidos voy a la
hinchada de Old Boys.
¿Cuando demoraste en agarrar una pelota de rugby luego del accidente?
Huuuy...al otro año en el ’73 empecé a entrenar y estaba jugando.
¿Qué cosas son las que te hacen ser feliz hoy?
Mi familia, por sobre todas las cosas es lo primero, es en lo que más me
refugio, porque soy bastante cerrado.
¿Como te describirías a ti mismo?
Como un luchador. Un día hablando con un profesor de educación física (con
el que hoy se entrena) me dijo –“el que fue guerrero, guerrero es toda su
vida”, y eso es un poco la imagen del “forward”.
¿Te
gustaría dejarle algún mensaje a quienes se interesan por este tema?
Si, hay un mensaje que sobresale y es la “SOLIDARIDAD” de todos los
que estuvieron en el accidente, tanto de los que murieron como de los que
vivieron. Ese pacto que se hizo allá: que había la obligación de comerte
con tal de que el otro siguiera viviendo y los que hicieron su pequeño
gran esfuerzo, que pusieron todo, si fue poco o mucho no importa, pero
hicieron todo lo posible para que las cosas salieran adelante. Unos quizás
con más estrella, con más luminosidad, otros con menos, pero creo que los
menos mencionados en los libros y en la película, son los que hicieron
posible que otros salieran, que otros caminaran y que otros tuvieran el
éxito que tuvieron. Ese éxito que está basado en todo un grupo de gante
que se juntó para hacer algo posible. |
|
|